Está eso, lo que nunca se dijo pero aun lo siento. El querer expulsar no un dolor, sólo una parte de mí o quizás sea de ti, porque no entiendo mucho los motivos que tiene el destino, sólo sé que todo debe de estar bien y que no me debo de preocupar, pero entonces debo todo dejar marchar, como las olas del mar que algún día regresaran. Tratar de ver lo hermoso que hay, engañándome que es lo único que espero, diciendo lo más bello para que un día llegue a mí, gritando al cielo lo tanto deseo, pero no veo tu presencia tan sola rodeándome y no tomo en cuenta que pudiera escuchar este llamado. Maldigo cada vez que sola me encuentro y mis lágrimas tiradas al suelo no por la soledad, sino por saber que muy cerca está, sentirla besándome cuando lejos estaba de mí y se ríe como para hacerme sonreír. Qué de malo tiene apartarte de un tiempo, de un mundo que parecía "perfecto." Nunca olvidaré el día que fui expulsada del país de las maravillas simplemente tendré encuentra que los sueños aun siendo tan bellos siempre se volverán pesadillas. No caeré esta vez porque ya me sé levantar pero quizás mis piernas flaqueen por las caídas de atrás. Todo lo cambiaré, el destino me dijo que así estará bien y luego sonreiré sin temer de lo que un día pasó, sólo sonreiré y mis lágrimas las guardaré, para ese día me dé cuenta que todo lo que hice no fue un error que cada caída no fue más que una reflexión, entonces lloraré porque al fin pude ser feliz porque no necesitaré el martirio de la comprensión simplemente olvidar todo lo que paso...
domingo, 26 de febrero de 2012
miércoles, 15 de febrero de 2012
Light
Las luces color rosa por la ventana de aquel cuarto cerca del puesto de comida se asomaban, cálidamente. El bullicio de las personas hambrientas, parecían apenas murmullos lejanos. Estaban los dos, frente a frente, con su desnudez al descubierto. No era la primera vez de ninguno, sin embargo eran vírgenes a cada uno al cuerpo del otro. Sus miradas eran intensas y profundas. Eran como el verano, sí, como el verano que trae consigo violencia natural; sismos, huracanes, tormentas. Así estaban sus cuerpos, llenos de tanta energía. Ambos se encontraban de pie y sólo se miraban. Se hallaban en la casa de ella.
Ninguno de los dos se explicaba cómo habían llegado a tal grado, después de dos años de conocerse. Él la miraba como una diosa con su cuerpo casi entonado. Su tez era de un bronceado poco notable, sus pechos, parecían haberse dibujado con tanta delicadeza, además del perfecto tamaño dotado. El rostro de ella, un poco alargado, con ojos grandes de color oscuro; una nariz aguilera y una boca delicada y suave. Esa boca, había algo que siempre los hombres notaban, lo creían sensual al momento de besar, porque sólo así lo notaban. Un lunar, un lunar casi transparente en el labio superior de ella. Él la seguía contemplando, mirando como las manos de ella querían esconder esa inocencia; una cubriendo sus pechos y la otra un poco más abajo. Parecía una criatura indefensa.
La respiración de él avanzaba rápidamente y se detenía un instante, donde se quedaba sin aliento. Sus manos sudaban y trataba de controlar tal reacción. Entonces, la quiso tomar y la azotó en la pared. Le besó apresuradamente el cuello, con mucha pasión pero ella tomándolo de los hombros lo mandó a la cama.
Lo sentó allí. Ella lo miró, notaba que su abdomen no estaba bien formado, pero le excitaba ver su pecho enmarañado, lo tomó de ahí y acercó su boca con la suya. Ella se encontraba parada, pero luego fue descendiendo, mordiendo sutilmente el cuerpo de él. Empezó por el cuello jugando un poco con la lengua y esa pieza de metal que portaba. Sentía la manzana de Adán, una y otra vez pasaba su lengua por ahí. Él sólo mantenía sus manos apretando fuertemente el edredón rojo de aquella cama que perdía forma con cada minuto transcurrido. La aceleración de él podía escucharse y permitió que ella siguiese actuando. Ella había bajado un poco más, estaba en la parte pectoral de él, soplaba ligeramente sus vellos, de la misma forma que besaba en diferentes partes del tórax. Cada vez él sentía una gran necesidad de actuar junto con ella y la tomó del cabello, inconscientemente la hacía decaer lentamente. De pronto, los ojos de él se dilataron aún más que aquellos días de escuela. Un sonido casi sordo, pasó por sus oídos, como cuando se alcanza una gran altura.
Fuera de aquel cuarto alguna radio se escuchaba y de ella la canción de “Alquimia” sonaba yo volaré hacia ti, el mismo cielo que nos une. Él escuchaba una y otra vez aquel coro, sin sentido alguno en ese momento, sólo acariciaba el cabello sedoso de esa mujer que constantemente movía su cabeza de abajo hacia arriba. Miró su nuca y veía como controlaba cada movimiento de ella con sus manos, era mejor, ella no objetaba. La levantó, para mirar su rostro. Estaba llenó de lujuria aunque la ternura seguía ahí. La tomó de los hombros y la sentó en sus piernas, juntando la boca de ambos, abriendo la puerta del alma para que pudiese habitar en el cuerpo del otro. Ella tomó el miembro de él y lo introdujo en sí. Sintió como este, hacia que su libido incrementará y dio un fuerte grito. Su cuerpo empezaba a sudar, él la subía y bajaba, tomándola de las caderas con pasión. Se encontraban los dos en una especie de trance, ella gemía mientras él miraba como sus pechos rebotaban. No sólo estaban unidos de cuerpo, había sellado un pacto con sus labios y sus almas bailaban juntas. El éxtasis crecía cada vez más. El fulgor del momento hizo que él tomase un pecho de ella, llevándolo a la boca, jugando un poco con su pezón. Su lengua se deslizaba con movimientos circulares, entonces le dio un ligero jalón con los dientes. El cuerpo de ella se erizó. Él sintió esa reacción más abajo. Ella se tomó un mechón que le cubría el rostro, mandándolo hacia atrás. Tomó las manos de su acompañante y cerrando su puño dejó sólo el pulgar levantado, empezó a lamerlo. Primero lamió la uña, rozándola finamente por sus labios, dándole un poco de su respiración. Inspiró suavemente introduciendo el dedo más a fondo, lo lamió todo desde arriba hacia abajo. Mojó completamente aquel pulgar y lo llevó a sus pechos. Su sollozo cada vez era más fuerte, mientras el rodeaba su areola. Él sentía una atracción inexplicable hacia ella y cada vez más profunda. Quería realizar todo lo que pudiese con aquella mujer, deseaba brutalmente experimentar más allá. Aquello había pasado de ser algo carnal a un acto místico. El poder que ambos llevaban se iba consumiendo, pero la fuerza no desvanecía. Sus ojos se impregnaron. Fue sólo un momento o quizá pasó una eternidad. Podían sentir deliberadamente como el calor de sus almas salía por sus poros. De nuevo unieron sus labios para dar por hecho lo acontecido. Esta vez fue largo y arrebatado. Él volvió a tomarla de la cintura, y con el brío del alma que regresaba al cuerpo, lleno de femineidad, la penetró y ella sintió esa sensación llena volviendo a sí. Lo acostó, pero él cambió los papeles sometiéndola. Ella sólo aruñaba su espalda, respirando lentamente. El acto tomó un paso más acelerado. Ella experimentaba cada golpe de su miembro en el suyo, negarse a expulsar aquella reacción era como negarse a probar el betún que esta por embarrarse; el betún estaba a punto de ser esparcido, él seguía con su ritmo veloz, ella no pudo más y de un grito hizo que aquella noche los astro brillaran más. Entonces se embarró. Las olas del mar chocaron contra la costa en luna llena. Él había terminado, ella sólo hizo un minúsculo quejido, esparciendo sus rayos de luna sobre él. Los dos se miraron y permanecieron callados. Lo demás siguió su curso. Las personas llegaban y se iban fuera de aquel cuarto, a pesar de que permanecer cerrado ya el puesto de comida. Las luces color de rosa se apagaron; el sol era quien alumbraba ahora sus rostros.
miércoles, 8 de febrero de 2012
El fantasma de mi ático.
Aún recuerdo esa noche cuando niño era, mi cuarto estaba en el piso de arriba de mi casa, en seguida del de mis padres y cerca de la puerta a mí al ático. Siempre escuchaba ruidos ahí, pero mi madre decía eran supersticiones mías. Esa noche fría de octubre, cuando la gran luna daba todo su esplendor, no fue excepción los ruidos sobre mi cuarto, en aquel diminuto lugar donde terminaba mi casa a lo alto. Esta vez yo, a mi temprana edad y muy activa curiosidad, fueron factores por los cuales decidí subir para saber de qué se trataba. Recuerdo no tuve miedo, la luna me fue cómplice en la misión, pues me permitía al menos ver mucho más allá de mi nariz. Antes de llegar al ático, en la puerta, algo me detuvo. Era un hombre altísimo con una capucha negra, el rostro se le notaba poco, era triste y aburrido. Luego le miré bien y me di cuenta que sus pies no estaban. Por un momento no supe explicar tal circunstancia, pero con mi gran intuición de niño, me hizo suponer se trababa de un fantasma, así que para estar más seguro le pregunté:
- Señor – le dije tratando de encontrar su mirada. – acaso usted es un fantasma.
- Fantasma, ¿yo? – preguntó sorprendido. – hijo como es que me preguntas eso, soy tu padre mi amado Martín, tu padre Jack.- concluyó.
- No, no señor Jack no soy su hijo, pero dígame que hace usted aquí, cuidando la puerta de mi ático. –pregunte con una voz fuerte y segura.
- ¿Tu ático? Pero si esta es mi casa – contestó confundido.
- Señor – repetí. – le he dicho ahora esta es mi casa y usted es un fantasma. Sólo quiero saber el motivo de cual usted está aquí y hace tanto ruido todas las noches para así me pueda ir a dormir en paz.
El fantasma se puso a pensar en la probabilidad yo tuviera razón. Entonces se miró de cabeza a su parte inferior y se dio cuenta que los pies le faltaban y así entendió la verdad de mis palabras.
Al fin reconoció su estado espectral, intentó hacer chistes sobre eso, pero no causaban un gran impacto en mí. Después comprendió que, por esa misma razón tampoco se movía de dicho lugar y su hijo Martín nunca subía. Luego hizo remembranza de lo sucedido. Recordó como había conseguido la casa, se encontraba en bajo precio a pesar del tamaño, pero su costo se debía a que tenía una maldición. Esta se trataba de algún espíritu maligno poseía a su víctima y la dejaba en estado vegetal, pero el ente solo se encontraba en el ático.
- Es por eso mi estancia permanente en este sitio– dijo.
- Pero señor Jack eso no explica bien el hecho del que usted se encuentre aquí. – concluí.
- Oh bueno veras, esa alma malévola que hay en este ático, sólo se apodera de pequeños niños como lo era mi Martín.
Me di cuentan el deseo del fantasma por proteger a su hijo era muy grande, tanto que un día decidió poner un candado en la puerta del ático, pero cuando se dirigía a la tienda, tuvo un accidente automovilístico y murió.
- Ahora mi pequeño amigo, entiendes porque me permanezco protegiendo la puerta de niños como tú no suban. Sin embargo, a decir verdad desde el accidente y la partida de mi esposa y mi hijo de esta casa, pensaron lo acontecido había sido causa de la maldición se marcharon. Eres el primero en venir aquí.
Su acción era tan buena pues a mí también me cuidaba, así que le propuse un trato.
- Señor fantasma como usted me ha protegido de los males de allá arriba, yo le prometo cuando sea grande, entraré al lugar el cual usted hace guardia y desharé la maldición de ese cuarto. Para ningún niño peligre de subir al ático y ser atacado por algún espíritu maligno.
Fue así como el fantasma del ático y de nombre Jack y yo, el niño inquieto en aquella noche de Octubre, tras escuchar ruidos en el cuarto de la parte más alta de mí casa, cerramos un trato. Yo le prometí regresaría en quince años y como todo buen niño le di mi palabra. Ahora han pasado quince años ya es tiempo de regresar.
La noche había caído al igual que hace quince años y con esa luz reflejada por el enorme astro que un miércoles me aluzó hacia una aventura, hoy domingo la he de terminar. Cuando mis padres partieron hacia su cuarto para descansar, yo me dirigí rápidamente al cuarto donde nadie nunca subía. Y ahí estaba el señor con la triste mirada hacia abajo esperándome después de quince largos años.
- He vuelto – le dije feliz y sonriendo.
- Eres tu mi pequeño amigo, ¡mira como han pasado los años en ti! Mientras yo me conservo igual – decía esto como forma de broma.
Al parecer su humor no había cambiado en este lapso de tiempo. Entonces después de aquellos chistes, mal estructurados me dijo:
- Bueno mi pequeño amigo, es hora de cumplir tu promesa y romper la maldición que me prometiste deshacer.
Era demasiado extraño, pues ahora siendo ya todo un adulto, me daba miedo a lo que me pudiese encontrar ahí adentro. así que le dije.
- Señor fantasma, necesitaré suba conmigo.
El dudó en hacerlo pero al último accedió. Estábamos los dos tenebrosos. Todo se encontraba tan oscuro y lleno de telarañas y cajas de cartón. El piso era de madera, tuve miedo al caminar pues parecía ya estar muy descuidado y putrefacto y podría caer en cualquier momento. Había llevado algunas cosas con las cuales supuse terminaría con la maldición, aquellas en las películas de terror siempre dicen debemos llevar en caso de cualquier suceso demoniaco. Como la biblia, sal, campanas y una bolsa llena de objetos de ese tipo.
Mientras yo sacaba mi material para empezar mi “limpia” observé a el fantasma Jack miraba fijamente un objeto, luego me aproximé y le pregunté:
- Señor fantasma, ¿Qué es lo que usted ve?
Sus ojos se veían nublosos y lágrimas caían al suelo de sus ojos de humo y con una voz quebrada contestó.
- Esta es la pelota de mi hijo Martín, yo se la regalé en su cumpleaños número cuatro.
Me quedé asombrado, en sus manos tenía una pelota colorida a pesar de la oscuridad y sus palabras mencionadas decían su hijo había estado ahí y ninguna maldición existía en aquel ático. Entre sus ojos llenos de tristes gotas y una melancolía de saber que todo ese tiempo ahí fue en vano me dijo:
- Era necesario que yo supiera esto, ya veo que mi Martín siempre fue un niño que no le temía a nada, ahora sé que no existe peligro aquí arriba. Ahora no hay nada que cuidar y ya podré descansar en paz.
Me dio las gracias por todo el trabajo que había hecho por él, se despidió con una sonrisa y desapareció, la pelota cayó en mis pies, la tomé y bajé a mi cuarto. Fue la última vez que lo vi. Así fue la historia del fantasma del ático.
sábado, 28 de enero de 2012
Sólo fue un sueño, nada más.
Te encontré entre
La noche y tus labios
Me rozaron.
El alcohol suculento,
Entrante en mi
Corazón despertó
Un deseo
Lujuria.
No vi cuando
Me llevaste de la mano
A tu cuarto frío
Sólo sentía
Tu respiración frente a la mía
O ¿habrá sido el viento?
Sucesos repentinos pasaron,
A quién le importa
Si se repetirán.
Despierto al lado
De él, me pregunta qué
Pasó, lo miró
Y le digo:
Sólo fue un sueño, nada más.
“El arte de cortar”
Tu figura en forma de maniquí
Se ve bien, mis manos le harán mejor
y empezaré por aquí. Tu brazo.
Tu brazo parece demasiado largo
pedazo de ceda que cubre tu desnudes,
te cortaré un poco.
No, no temas a mis tijeras.
Siente como te hace más libre
a eso que deseas mostrar.
Ahora haré lo mismo con el otro
¿Puedes notar que así estas mejor?
¿Y esas piernas?
Creo que no están del todo bien
De ellas me apoderaré
Cortando por arriba de tus rodillas.
Solo falta el último toque
Pues en tus caderas pondré agujas
Sí ya está listo el vestido
Que a mi amada regalaré.
martes, 10 de enero de 2012
Anuncian el fin.
Esta es una descripción de cómo creo debería ser el video "The sacrilegious scorn" espero les guste.
Estaba sentada aquella familia de los suburbios. Era la hora de la cena, los niños en el suelo y sus padres juntos en el sillón, están junto al televisor. Un reportaje de última hora aparece, un encargado especial llega al lugar de los hechos. Es una iglesia y la misa se está celebrando. Un sacerdote entra, detrás de él dos niños con los rostros tapados llevando en sus delicadas manos los incensarios. Todos se encontraban de pie, mientras el sacerdote hacía su entrada, la ceremonia litúrgica estaba por comenzar. Llega al altar, todo parece normal. Los niños sólo llegan a los escalones, con el rostro mirando hacia el suelo. El sumo religioso mira a todos los creyentes. En su rostro una risa maliciosa aparece y sus ojos en ardiente fuego parecen soles apocalípticos mirando uno a uno como si se tratase de un juicio final. El piano empieza a sonar con una melodía suave e hipnotizante. Todos toman asiento, el sacerdote con una voz grave y con uno tono demoniaco dice gritando “mi palabra y mi mundo tienen terreno y es real” la capilla llena de estatuillas conmemorables a santos empiezan a oscurecerse. Las nubes cada vez más cerca del edificio, todo absolutamente todo, se llena de un color sombrío; de pronto se siente un temblor las personas entran en transe y un anima anónima se apodera de sus cuerpos. Nadie se percata que la capilla se destroza, sólo un impulso les hace hablar, se paran a reclamar. Una madre dice “es tiempo de cambiar” otro más se levanta apuntando al sacerdote quien tiene un aspecto macabro y cuernos en la frente. Diciéndole “y tomar lo que has tomado de nosotros.” la cruz cae con gran peso sobre el altar, cuando el sacerdote se ha retirado. La multitud sale de aquel espejismo en el que estaban, mirando la destrucción del lugar, tratan de huir. Un niño aún en trance, sostiene a su oso y sentado en una esquina solloza diciendo “tu jamás podrás corromperme de nuevo”. Una mujer lo toma en brazos saliendo lo más rápido de aquel lugar al mirar por los cielos, miles de bolas de fuego van cayendo hacia ellos, las personas tratan de refugiarse. Los televidentes no pueden creer lo que sus ojos habían visto e intentan salvar sus vidas antes que los acontecimientos lleguen hasta sus casas, el padre trata de apagar el televisor para esconderse junto con su familia. pero ya es tarde, una bola de los cielos la desintegra.
martes, 3 de enero de 2012
La fábula del chilero y el cuervo.
Cierta vez, había un pequeño chilero el cual quería atrapar un gusano. Intentó varias veces hasta que llegó un viejo cuervo, tomó el gusano y se lo dio al pequeño chilero. El ave de menor tamaño asombrado par tal acto, agradeció al cuervo y le dijo:
- Gran cuervo, enséñame cómo has podido atrapar ese gusano.
El cuervo, con una cara molesta le contestó.
- Es algo muy sencillo, pienso que no debe ser explicado.
El pequeño chilero bajó la mirada, pero en verdad quería saber cómo lo había logrado. Por lo que mencionó.
- ¡Oh cuervo! Si tú no me enseñas como lo has hecho, pronto moriré de hambre.
La gran ave miró al chilero. Pensó un momento, luego con una voz malhumorada dijo.
- Está bien, pero terminando me iré y ningún otro favor, te voy a cumplir.
El chilero se alegró y desde ese día él y el cuervo compartieron momentos juntos. Conforme pasaban los días, el chilero perfeccionaba su caza. Así mismo, las dos aves aprendían una de otra sus costumbres y forma de vivir.
Siguió transcurriendo el tiempo, hasta que cierta vez el viejo cuervo sufrió un accidente en su ala derecha. Dicha discapacidad le impedía cazar. El pequeño chilero al enterarse de lo sucedido, conseguía alimento, tanto para él como para el cuervo. No obstante, el cuervo se negaba a tomar el alimento que el chilero le ofrecía. Suponía era algo humillante para sí mismo y pensaba que la pequeña ave lo hacía por lástima. Por su parte, el chilero no comprendía el comportamiento del cuervo, pues tenían a tiempo de conocerse y lo consideraba ya un amigo, lo único que él hacía era ayudarlo para se sintiera mejor. Un día el chilero le dijo al cuervo.
- Viejo cuervo, toma este gusano que te he traído. No ves que de lo contrario morirás.
Pero el cuervo dándole la espalda contestó.
- No tomaré nada de ti, chilero. Crees que por ser viejo y en este momento estar inválido no puedo darme a valer por mi mismo, estás muy equivocado. Es mejor que te marches, yo sabré como arreglármelas.
El chilero al ver en vano sus actos, hizo un último esfuerzo para mostrarle al cuervo que actuaba de buena fe. Entonces mencionó.
- Gran cuervo, toma estos gusanos, considéralo un pago por tus lecciones que me has dado.
- Esas clases te las he dado porque me las has pedido, así que abandona este lugar pues yo no te he exijo nada.
El chilero hizo caso y se marchó. Aunque pensó regresar luego. Los días transcurrieron y el ave pequeña quiso visitar al cuervo, para ver como se encontraba. Al llegar a la casa de la gran ave, lo miró en el suelo, pensó en darle auxilio, pero recordó sus palabras y desde donde se encontraba le saludo. El cuervo apenado por su condición también saludo al chilero desde el suelo. El ave pequeña indicó que sólo quería saber su estado, ya que lo consideraba un amigo y pasaba a retirarse. Triste el cuervo detuvo al chilero con una voz mohína.
- Espera chilero, no te vayas.- guardo silencio y un nudo en su garganta se destrozó en forma de llanto y siguió. – si tu te vas pronto moriré de hambre, quédate por favor y olvida todo lo que te he dicho.
El ave de menor tamaño voló hacia él y lo puso en la cama le dio de comer y lo cuido hasta que se recuperó el cuervo. Ese día comprendió el ave de mayor tamaño, la importancia de tener otros seres que nos quieran, pues ellas siempre estarán en las buenas y las malas junto a nosotros. Fin.
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